El escritor y periodista publica su testamento español, su última palabra sobre un país que le duele pero sobre el que no puede parar de hablar.
A Sánchez Dragó le duele todo, pero sobre todo España, como a Unamuno. Y por ello ha escrito un libro que debería haber titulado, irónicamente, ¡Arriba España!, pero la prudencia redujo la provocación a un Y si habla mal de España… es español.
“¿Por qué no me gusta España?”, se pregunta el escritor telepático lo que los periodistas quieren espetarle, “cualquiera podría contestarlo: España es un mal país”.
“Los políticos repiten como papagallos lo que les dicen sus jefes de campaña” dice Dragó al presentar un libro electoralista, rápidamente finiquitado antes de las elecciones porque, “el resultado de esta consulta”, como dice en su prólogo, “podría ser crucial para nuestro futuro”.
“Entrevistar a los políticos es como entrevistar al viento, les preguntes lo que les preguntes van por su camino“. En cambio, su libro urgente, “agrio, insultón y antipático”, está escrito para que no se lo lleve el viento. Y en él se hace campaña porque, si gana Zapatero, Dragó tendrá que sacudirse “el polvo de las alpargatas y desentenderme definitiva e irrevocablemente de cuanto concierna a España”.
España tomatera e infernal
Dragón, como le llama su amigo Jodorowsky, se reúne con la prensa en un restaurante de su elección, dentro de la Casa de Campo, cuyo acceso ha sido dificultado -dice en la primera puya política del día- por Gallardón. La reportera de Aquí hay tomate le pregunta si prefiere a Gallardón o a Aguirre, a lo que él contesta que le gustan tanto las rubias como las morenas, una chanza como otra cualquiera para no tener que contestar, “desviar la embestida”, como admitió más tarde, y no hablar ni bien ni mal de su vecina, portal con portal, Esperanza Aguirre.
“Los principales protagonistas de la España hortera son los que aparecen en la telebasura“, dice delante de una periodista del Tomate, con su cámara y su micro y su cubilete con lata de sopa Campbell.
Dragó adscribe este libro al género España como problema. Un casillero cuyas grandes estrellas son el ya mencionado Unamuno, Ortega y José Antonio. Éste último dijo que España es “la historia de una utopía sin fundamento: la de ser unidad de destino en lo universal” y también que “España es una unidad de destino en lo infernal”, donde Fernando coincide.
Este es el último libro que el autor escribe sobre nuestro país. Le salió de un tirón, cabreado, porque “el español es el único que se enfrenta a sí mismo” y la España con la que Dragó se enfrenta está devaluada, no tiene valores -y si los tiene están sólo en la tauromaquia- , es hortera y “su pueblo se ha convertido en plebe”. Aunque no se va a ir de aquí, él se considera ya un exiliado, como lo fue durante los años represivos. “Y este es el libro de un exiliado que ya nunca dejará de serlo“.
El chiste de la puta
“España es una puta con muchos chulos“, dice. “Los chulos son los políticos, los que se quedan con el dinero“, explica al hablar de un libro en cuya portada se ve un toro de Osborne con la pintada “Puta Ezpaña” sobre él.
A España le define la lengua y los toros. Otros piensan, en cambio, que España es como es por su humor. Pero Sánchez Dragó cree que este país ibérico “carece de sentido del humor y lo que tiene es sentido del chiste”. Un periodista comenta en voz bajita, durante la comida, que la España de Dragó es la España que él puede ver, pero que hay otras.
Puede que él no vea la España de Muchachada Nui, con su Marcial y su Bonico del To, ni la de Manel Fontdevila y su portada en El Jueves, ni la de los falsos Twitters ni la del videoblog Qué vida más triste. “El pueblo español es un pueblo de borregos, de cobardes y de gente sin sentido del humor”.